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¡¡¡Yo también quiero una pistola para defenderme!!!

Estábamos sentados en el aula de clases, recuerdo que todo estaba en silencio porque era tiempo de demostrar los conocimientos adquiridos de la materia, era sábado por la mañana, cerca de las 07h45 cuando el silencio se rompió con el estruendo de tres disparos.

Todos abruptamente y sin temor porque la curiosidad pudo más, nos asomamos a la ventana del tercer piso del aula de la Universidad que está inmersa en un barrio residencial de Quito. Había un hombre tirado en el suelo y frente a él otro individuo con una pistola apuntándole. Se trataba de un asalto frustrado. El ladrón quiso robarle el auto a un policía vestido de civil que como no podía ser de otra manera, tenía un arma debajo de su asiento y eso le salvó la vida y que no se le lleven el auto que es fruto de su denodado esfuerzo.

Mató en defensa propia, lo hizo con el legítimo derecho de salvaguardar su integridad y tal vez la de su familia. La verdad, nadie sabe cómo terminó esa situación legalmente. Lo que sí nos quedó muy claro es que, gracias a que era policía y tenía permiso de portar armas pudo salir con bien en una situación que cada día es peor y que se repite constantemente mientras que, la gente común o mejor dicho, los civiles no tenemos esa ayudita o posibilidad de tener algo con qué defendernos frente a los asaltantes que encuentran la manera de adquirir armas de grueso calibre y en muchos casos muy sofisticadas.

En el Ecuador si se puede tener un arma pero, se necesita obtener un permiso solo de tenencia de armas mismo que se otorga a personas naturales y que faculta tener máximo 2 armas de fuego en el domicilio, a fin de obtener seguridad (solo se la puede mantener en un lugar determinado) y si requiere trasladarlas, se lo debe hacer descargadas, en fundas o cajas con las seguridades necesarias.

En cambio, el porte de armas solo se entrega a ganaderos y camaroneros para que tengan seguridad integral y física en una jurisdicción provincial determinada.

Uno de los motivos que pensamos como muchos es que a los gobiernos de turno no les conviene que el pueblo esté armado, prueba de ello es el pronunciamiento de Lenín Moreno en las movilizaciones o protestas de octubre del 2017 cuando con mucho temor advertía que conocía que en varias partes de la Sierra se estaba adquiriendo armas. “Tengo una peligrosa alerta, y se los digo con toda sinceridad, de que gente de Quito y ciudades de la Sierra están adquiriendo armas. Les advierto que es prohibido portar armas sin permiso”. Eso porque estaba asegurando su cargo de mandatario y no quería que lo defenestren como ha sucedido tristemente muchas veces en la historia política de nuestro país y, además, tratando de generar miedo en la población dejando sentada la idea de que esto podría conducir a una guerra civil o a la formación de grupos subversivos revolucionarios, lo cual, nadie quiere que suceda por conocer de cerca la situación caótica que se vive en nuestro vecino país de Colombia.

Por otro lado, siempre se trae a colación también los muchos casos suscitados en Estados Unidos para impedir que se apruebe una ley para el poder portar armas y claro, por supuesto, aquí se aplica otra vez la estrategia del miedo sin querer queriendo. La mayor parte de la población mundial ha visto con mucho terror por televisión como si fuera una película más de Hollywood, la transmisión “en vivo y en directo” de algunos de los muchos casos de tiroteos que han cegado la vida de cientos de inocentes o víctimas, y la conclusión final es que, se debería abolir la ley de porte libre de armas en ese país.

La discusión sobre este tema tiene cada vez mayor interés debido a que la ciudadanía ya no encuentra forma de hacerle frente a la delincuencia y aunque quienes están en contra de que la población pueda portar armas porque esto representa dar rienda suelta a que se haga justicia por mano propia, o a que nuestro querido Ecuador de gente muy “pacífica” se lo quiera transformar en un estado en el que renacería una convivencia de tipo del antiguo OESTE norteamericano; las personas sienten que no están protegidas por las instituciones que deberían hacerlo, puesto que la policía no se da abasto con tanta denuncia o llamadas de emergencia al 911, tanto así, que nunca llegan a tiempo para proteger a las víctimas.

Se habla también de la violencia intrafamiliar en la que, si estuviese armado el marido habrían muchas más muertes o FEMICIDIOS, sin embargo, se debe aclarar que existen algunos argumentos que tienen cabida en esta discusión. Quien quiera agredir o matar lo hará con cualquier arma o artículo con el que pueda hacer daño y, el permiso de porte de armas lo pueden tener tanto hombres como mujeres. Por otro lado, para poder tener dicho permiso y una pistola o revólver, es necesario tener dinero, lo cual es un tanto difícil para quienes pertenecen al grupo en el que se da mayor incidencia de la violencia intrafamiliar, donde, por cierto, hay menor educación y valores y principios lastimosamente en términos generales.

Además existe en la ley sobre el porte de armas, en el artículo 86, algo que claramente pone una condición que dice: “No se conferirá permiso para portar armas de fuego a: interdictos; dementes aunque no estén bajo interdicción; fallidos, mientras no hayan sido rehabilitados; a quienes carecen de domicilio en el Ecuador; a los de mala conducta notoria; y a quienes no hubieren merecido el informe favorable de la Dirección de Inteligencia del Comando Conjunto”

Para concluir el debate y que ustedes saquen sus propias conclusiones, existe también una alternativa para poder tener un arma con la que las víctimas puedan defenderse de cualquier tipo de violencia física que amenace su integridad. Existe el denominado gas pimienta que especialmente las mujeres pueden tener en sus casas o en sus carteras, pero que sin embargo, su posesión, tiene también ciertas restricciones.

El Acuerdo Ministerial, en su glosario de términos, asegura que el gas pimienta “es un compuesto químico que irrita los ojos hasta el punto de causar lágrimas, dolor e incluso ceguera temporal. Se utiliza para dispersar disturbios o como defensa personal. Aunque no es letal, en casos excepcionales puede provocar la muerte del afectado”

Existen otros elementos que los trataremos en otros artículos y que tienen que ser puestos en el tapete también dentro de esta discusión tales como: el endurecimiento de las penas; la pobreza y la falta de trabajo vinculada a la delincuencia; el narcotráfico y el daño que producen las drogas de todo tipo en la población más vulnerable; etc.

¿Crees que se debería modificar y hacer cumplir la ley para que cualquier persona pueda portar armas libremente y pueda defenderse de la delincuencia, siempre y cuando cumpla con los requisitos que se encuentran estipulados en el artículo 86 del reglamento?

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