El uso de la bicicleta como medio de transporte en Quito
2 noviembre, 2020
El club “El Nacional” no podrá volver a ser el mismo
24 noviembre, 2020

La política de la destrucción: Quito y la tauromaquia

Por: Henry Basabe Viteri

Nueve años han pasado desde la tarde del 6 de diciembre de 2011, en la que los matadores españoles Alejandro Talavante, David Fandila “El Fandi” y el tristemente fallecido Iván Fandiño se convirtieron en protagonistas del último festejo taurino de la Feria de Quito: Jesús del Gran Poder.

El trío salió a hombros por la puerta grande de la Monumental Plaza de Toros Quito, entre los vítores y reivindicaciones de quienes habían copado el coso.

Esa feria resultó particular, seis meses antes, mediante consulta popular, se prohibieron en Quito los espectáculos que tuvieran como finalidad la muerte de un animal. Por lo que la empresa promotora se vio obligada a realizar el festejo sin culminar todas las suertes de la faena. La acogida fue menor. Sin embargo, la concurrencia resultó con una actitud mucho más combativa ante lo que consideraban un atentado contra sus libertades, sus tradiciones y su patrimonio cultural.

Quienes pagaron su entrada para asistir a la corrida no fueron los únicos en hacer oír sus quejas. Había otro grupo que cobraba por estar ahí. Miles de familias se beneficiaban económicamente de la repercusión de la feria y, contrario a lo que se cree, la mayor parte eran de medianos o bajos ingresos.

No solo ganaderos, promotores o medios de comunicación aprovechaban el evento para cuadrar sus cuentas. Emprendimientos de alimentación, turismo, comercio (a veces informal), se beneficiaban indirectamente casi tanto como los trabajadores de la plaza, subalternos y banderilleros, casi todos de origen humilde.

Se estima que las corridas de toros inyectaban alrededor de $50 millones a la economía local. Además, la exposición mediática que recibía la ciudad era un eje dinamizador del turismo durante todo el año.

Más allá del peso económico de la tauromaquia en Ecuador, es imposible dejar de ver su valor histórico y cultural. Los toros de pueblo son la imagen viva de la identidad propia creada en la región a partir de la tradición taurina europea, adaptándose a la idiosincrasia de los pobladores de la zona.

Quizás el aporte más significativo de la tauromaquia en la sociedad ecuatoriana es el impulso innegable que ha dado a las fiestas por la fundación de Quito. Para dimensionar esto se debe tener conciencia que a mediados del siglo pasado estos festejos no existían. No fue hasta la creación de la Feria de Quito que se dio relevancia a esta conmemoración, llegando a declararse como feriado local por su importancia.

Ninguno de los tradicionales eventos celebrados en honor a la fundación de la ciudad hubieran sido viables sin la feria. Esto quedó evidenciado en la decadencia que han sufrido las fiestas de la capital desde la desaparición del evento taurino.

Pero si la fiesta era tan importante para la capital ¿Por qué desapareció?

En la segunda mitad del siglo pasado comenzaron a popularizarse corrientes ambientalistas y de protección a la naturaleza. Aunque esos movimientos llegaron tarde a Ecuador (finales de los 90), se establecieron de manera estratégica y periódica: una vez al año (entre noviembre y diciembre) justo en las afueras de la plaza de toros.

Dejando de lado los múltiples atentados a la naturaleza que se cometen en el país (deforestación, tráfico de especies, políticas petroleras irresponsables, contaminación, etc.), los movimientos juveniles centraron sus pocos esfuerzos en protestar por los derechos de los toros, aunque solo de los de lidia, ya que jamás protestaron por el trato cruel al ganado vacuno en camales y mataderos.

Cabe señalar que el crecimiento de estos movimientos, aunque constante, nunca llegó a ser significativo.

En ese punto es cuando la estrategia de la política nacional irrumpió en el devenir de la tauromaquia de Quito. El régimen de la Revolución Ciudadana impulsó un Referéndum y Consulta Popular que buscaba modificar el tablero de juego y, como parte de su juego electoral y en retribución de favores políticos, se incluyó como octava pregunta la prohibición local de espectáculos con muerte de animales.

A pesar del buen estado de salud de la cultura taurina, ganó la prohibición.

Se impuso la política de la destrucción. Unos pocos, sin mucho esfuerzo y en poco tiempo acabaron con algo que construyeron muchos, con mucha dedicación y en mucho tiempo.

Nueve años han pasado y no han nacido iniciativas que suplan el impacto que tenía la feria en la ciudad.

Las Fiestas de Quito se han convertido en una carga presupuestaria que no genera ningún interés en el país, menos aún en el exterior. Incluso quienes protestaban contra las corridas han visto desaparecer su espacio de influencia, quedando relegados al ostracismo público.

Incluso pensar que el toro de lidia ha sido beneficiado es inaudito, ya que al perderse la rentabilidad de su crianza probablemente se redujo sustancialmente su población y muchos fueron sacrificados en las ganaderías.

Es difícil encontrar un conflicto donde no hay ganadores. Solo la política, sucia y poco ética, demostró que nunca pierde, menos cuando se trata de la política de la destrucción, tal cual lo hicieron también con los casinos que promueven y son beneficiosos para el turismo en el Ecuador.

¿Estás a favor o en contra de que vuelva la feria taurina a la ciudad de Quito?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

×